
Igualada, Barcelona, Catalunya. 2009
Entre la caja de pandora abierta
La felicidad tiene sus monstruos
Hacinados en las dudas del destierro.
Ventisca entre la pesadilla de lo común
La consternación de la verdad espanta
A las nubes de primavera,
El frío pasa por los pingüinos,
De una, dos o tres camas.
“Cuando se ama de verdad
El amor nunca muere”.
Sigue creciendo y volviéndose
Todavía más nebuloso
Lleno de tormentos,
Flagelación:
Nopales callejeros retumbando
Sobre el alma del transeúnte.
Este es el peso de la felicidad,
Ligera un momento,
Pesada para un jumento
Sin más perfección
Que un pensamiento lleno de amor,
Confundido en las calles y la piel.
Hay felicidades que no se pueden dar
Ni compartir,
Son soledades compartidas
Días de vuelo y edificios derruidos,
Son historias que no se cuentan
Sino que se agarran por manojos
Y se cuecen en la caldera de la personalidad.
Felicidad monstruosa,
Cansina y funesta.
Hoy te veo y existo.
Siento, pienso y actúo
Como parte de una novela histórica
Que no tiene final de knock out
Sino por decisión:
La decisión indecisa.
